Celebrando el legado de George Eastman

Celebrando el legado de George Eastman

Este lunes el museo que lleva el nombre de George Eastman ubicado en Rochester, Nueva York, anunció el insólito hallazgo y adquisición (vía eBay) de los únicos ejemplos de rollos de película utilizados para las primeras cámaras Kodak. Una caja con un rollo idéntico al empleado en el aparato introducido al mercado fotográfico en 1888 y tres rollos de película transparente, la cual salió a la venta un año después. Este importante descubrimiento para historiadores, coleccionistas e interesados en la fotografía, resulta motivo doble de celebración si consideramos que un día como hoy se conmemora el nacimiento de Eastman, creador de la marca comercial Kodak. Así que para celebrar ambos eventos, qué mejor que reconocer la importancia de este nombre en la historia de la fotografía recordando tan sólo una pequeña parte de sus amplias contribuciones a la imagen moderna.

George Eastman (1854-1932) se interesó por la fotografía en 1878 después de adquirir un equipo fotográfico para un viaje que nunca realizó. Al darse cuenta de lo complicado, laborioso y tardado que significaba capturar imágenes en esa época, decidió buscar un procedimiento que facilitara la toma de fotografías. Obsesionado con esta nueva empresa, Eastman trabajó como empleado de un banco durante el día y después regresaba a casa a experimentar con una técnica que según sabía, ya se estaba desarrollando en Inglaterra: la placa seca de gelatina bromuro (una placa de vidrio con una emulsión sensible que expuesta a la luz capturaba la imagen que aparecía después del revelado). Pronto y con la ayuda financiera de Henry Strong con quien formó la compañía Eastman Dry Plate, el joven empresario comercializó su propia versión de estas placas. Sin embargo, decidido a cambiar el curso de la fotografía, el primer intento de diversificación de su empresa se dio en 1884, al comercializar un rollo fotográfico que eventualmente sustituiría a la placa de vidrio, reemplazando el nombre de su empresa a Eastman Dry and Film.

Aunque es común referirse a la Kodak No. 1 como la primera cámara desarrollada por Eastman, en 1886 el empresario de Rochester, trató de sacar al mercado la cámara Eastman Detective. Sin embargo, problemas con el costo de producción impidieron que este aparato pudiera comercializarse como se tenía pensado. Fue gracias a la ayuda de Frank A. Brownell, un fabricante local de cámaras, que Eastman diseñó un nuevo y mejorado aparato fotográfico al cual registró en Estados Unidos con el número de patente 388,850. De esta manera, en septiembre de 1888 se dio a conocer públicamente la cámara Kodak (nombre fácil de recordar y pronunciar en cualquier idioma), cargada con un rollo fotográfico de 100 tomas en sucesión. Esta cámara salió a la venta a un precio de 25 dólares, alto costo para la época y el cual pocos podían pagar.

La innovación de este aparato, vino ligada a la capacidad de la empresa de ofrecer el servicio de revelado a sus clientes, quienes podían enviar la cámara a la compañía para obtener las impresiones de sus imágenes y un nuevo rollo cargado en la cámara por el costo de 10 dólares adicionales. Para aquellos que podían cubrir este servicio, la práctica fotográfica se convirtió en una nueva y divertida forma de registrar el acontecer del día a día y la publicidad fungió como una estrategia importante para la compañía de Eastman. Con un eslogan directo como You press the button we do the rest/ Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el resto, la empresa de Rochester mercantilizó la vida cotidiana moderna y este momento histórico vio el inicio de una nueva concepción de la práctica: la fotografía simplificada, liberada y paulatinamente, al alcance de las masas.

Esta importante adquisición contribuye de manera histórica a la más representativa colección de aparatos y productos producidos por la compañía Kodak la cual se encuentra alojada en uno de los museos más importantes a nivel mundial dedicados a preservar la historia de la fotografía y el cine. “La pieza que faltaba” según señala Todd Gustavson—curador del Eastman Museum—en la exhibición cronológica de la historia tecnológica de la fotografía en esa institución y una merecida celebración al legado de George Eastman.

El libro de cocina de los fotógrafos: recetas e imágenes para la vista y el gusto.

El libro de cocina de los fotógrafos: recetas e imágenes para la vista y el gusto.

“A taste for superb cuisine is fundamental to a full, authentic, and varied life. An artist, critic, or historian who lacks an appreciation of good food and drink has only a negligible chance or revealing in his work any significant interpretation of human understanding. The culinary arts themselves are a lesson in the pure elegance of aesthetic creation.” Peter Bunnell

The Photographer’s Cookbook editado por el George Eastman Museum en colaboración con Aperture incluye un breve ensayo escrito por la curadora Lisa Hostetler titulado, Food for Thought. Este libro compila más de cuarenta recetas con una variedad de platillos en un menú que reúne ideas para el desayuno, appetizers, sopas, platos principales, platos hechos con vegetales, panes, postres y bebidas. Esta colección a la que contribuyen fotógrafos en su gran mayoría norteamericanos, incluye una receta de George Eastman, fundador de la empresa Kodak, y un par de ideas propuestas por los curadores e historiadores de la fotografía Beaumont Newhall y Peter Bunnell. Una compilación que nos acerca al interior de los gustos culinarios y la mirada de aquellos que sólo conocemos por sus datos biográficos o sus cautivadoras imágenes, algunas de ellas reunidas en esta publicación.

El origen de esta apetecible colección –según se describe en el ensayo de Hostetler—surge cuando Deborah Barsel, quien trabajara en la entonces conocida George Eastman House, sugirió como un proyecto extra curricular, reunir recetas de cocina provenientes de la comunidad fotográfica en los años setenta. Para esto, Barsel contactó por correspondencia a algunos fotógrafos, además de publicar en Image (la revista publicada por el museo de Rochester), un llamado a otros fotógrafos solicitando algunas de sus recetas favoritas e imágenes relacionadas con comida. Dos años después, el resultado acumuló 120 respuestas a su convocatoria, sin embargo, esta publicación quedó en el olvido al no completarse el proyecto antes de que Barsel dejara el museo para continuar con sus estudios de posgrado. Años después, treinta y cinco para ser exactos, como parte del rescate de archivo propiciado por Hostetler, la idea de Barsel finalmente sale a la luz con una serie de documentos que dan cuenta de los gustos culinarios de artistas como Ansel Adams, Ed Ruscha, William Eggleston, Richard Avedon, Wynn Bullock, Stephen Shore, Linda Connor, Imogen Cunningham, entre muchos otros.

Desde lo visual, resulta interesante repensar este proyecto y su pertinencia en un presente saturado de imágenes de comida (tan sólo basta con dar click al #foodporn). Desde esta perspectiva, pareciera que la idea de solicitar imágenes fotográficas con este tema sugiere una necesidad de ilustrar el contenido de la recetas. Sin embargo, en el contexto temporal e histórico de la fotografía en la que Barsel planteó este proyecto, las imágenes de comida y las cámaras para registrarlas no eran presencia totalitaria de nuestra cotidianidad y sólo nos enterábamos de lo que otros comían en la privacidad de su hogar o de lo que eran capaces de producir en la cocina cuando éramos invitados a compartir ese momento grupalmente.

Los años setenta fue el tiempo en que el registro de lo “ordinario” se consolida como tema recurrente en el lenguaje de fotógrafos como William Eggleston o Stephen Shore, quienes cautivados por la estética de la snapshot, utilizaron película a color para capturar lo cotidiano en una aproximación muy distinta a la foto de producto ligada a estas imágenes. Ambos fotógrafos apuntaron la cámara a escenas cotidianas en la que no es inusual encontrar imágenes que capturan platos con alimentos, e interiores que retratan refrigeradores, comedores o restaurantes con una composición que al poco observador le parecería cándida e incluso trivial. Estas imágenes registraron en su tiempo la esencia de un cambio en la composición, los sujetos y temas a fotografiar de una manera distinta al uso repetitivo de imágenes que proliferan en las redes sociales de la actualidad. En este sentido, la visión de Barsel no sólo refleja la idea de documentar esta parte privada de la fotografía, sino que predice –quizá de manera fortuita—la tendencia de un imaginario en ocasiones terriblemente popular en nuestra contemporaneidad.

Respecto a los apuntes culinarios, leer las breves notas que acompañan las instrucciones ofrecidas por los fotógrafos, nos permite entrar al hogar y dar un vistazo a los afectos y memorias familiares, a la camaradería del medio, a los hábitos alimenticios, o incluso imaginarnos compartiendo con sus autores, no sólo la sazón en lo cálido de la cocina, sino como asegura Hostetler comprender su lado alquimista e incluso su sentido del humor, como se aprecia en la sarcástica colaboración del fotógrafo conceptual Leslie Robert (Les) Krimes:

Les Krim’s Formalist Stew

I’ve got a great recipe for “Formalist Stew”

It has 185 ingredients and takes 31 days to prepare. The only problem is, you die of hunger and boredom before it’s ever finished.

Les Krimes, The Photographer’s Playbook

The Photographer’s Cookbook es un libro que por su calidad de documento visual e histórico representa una invitación a los sentidos, pero es también un pretexto para reunir a los amigos y a la familia a la mesa y compartir una cena con un delicioso espagueti con salsa italiana a la Wynn Bullock, seguida de una ensalada de pepino a la Horst P. Horst, saboreando un martini a la Robert Heinecken y de postre el famoso pie de limón con merengue de George Eastman, acompañado de un café estilo Puerto Rico de Jack Delano. ¡Buen provecho!